Alfonso X el Sabio

Aquí continúa la historia de España que escribió el muy noble rey don Alfonso el Sabio, hijo del muy noble rey don Fernando y de la reina doña Beatriz.

"En la ciudad de Toledo había entonces un palacio que estuviera siempre cerrado con muchas cerraduras desde hacía luengos siglos y el rey don Rodrigo mandólo abrir. Mas cuando el palacio fue abierto no hallaron en él cosa alguna que no fuera un arca otrosí cerrada y el rey Don Rodrigo mandóla abrir también. Y no encontraron sino un pergamino que decía así: cuando estas cerraduras fuesen quebrantadas y el arca y el palacio fuesen abiertos y lo que aquí yace fuese visto, entrarán en España las huestes bárbaras del África Tierra en son de muerte y destrucción."

Las huestes del Islam invadieron España trayendo a sus campos y sus gentes el dolor, la muerte, la pobreza. Y el dominio cristiano quedó reducido a pequeños grupos agazapados en los Pirineos centrales.

Pero era preciso empezar de nuevo, levantar estas piedras, darles forma y sentido, iniciar el camino del sur, donde estaba la reconquista de la patria perdida y la voluntad de ser.

Don Pelayo

cuatro siglos

Alfonso I

de luchas

Alfonso II

y de sangres

Ramiro I

antes

Ordoño I

de que Toledo

Alfonso III

se abriera

Ordoño II

nuevamente

Ramiro II

a los descendientes

Fernán González

de aquellos

Alfonso VI

que España

Fernando I

perdido había

 

Por esta misma puerta antigua de Bisagra entraba Alfonso VI; entraba Alfonso VI en Toledo después de largo y afanoso batallar. Alfonso VI, por estas mismas puertas, el 25 de mayo del año del señor de 1085 entra en la capital de Tol edo, recién conquistada del Islam.

"Yo, Alfonso VI, rey de Castilla por la gracia de Dios me proclamo emperador de todas las Españas."

Ciento treinta y seis años después nacía en Toledo un príncipe llamado a grandes empresas del espíritu. Aquí entre estos muros, conventuales hoy, llegó a la vida el que había de ser Alfonso X el S abio, hijo de Fernando III y doña Beatriz de Suabia. El rey de las leyes, las artes y el idioma castellano. Aquel que usando este mismo idioma había de escribir un día:

"En la ciudad de Toledo había entonces un palacio que estuviera siempre cerrado con muchas cerraduras desde hacía luengos siglos y el rey don Rodrigo mandólo abrir."

Toledo. Siglo XIII. Reinado de Alfonso X el Sabio.

Toledo. Siglo XIII. Reinado de Alfonso X el Sabio.

Tres razas, tres religiones, tres culturas y una sola voluntad de hacer. En aquellos días milagreros, dice la leyenda, podía aún escucharse en los atardeceres junto al Tajo la voz de Al-Qadir, el rey moro que perdió Toledo:<

"Yo, rey de Toledo por la voluntad de Alá. Yo, Al-Qadir, ¡desventurado de mí!, que hube de ceder nuestra capital y reino todo al monarca cristiano Alfonso VI, digo y proclamo que Toledo es islámica de hecho y espíritu p or los siglos de los siglos."

Y en el silencio de Santa María la Blanca, la legendaria sinagoga, otra voz simbólica también parecía contestar a la del monarca musulmán:

"Yo, Jehudá Ha-Leví, indignamente llamado príncipe de los poetas hebreos, niego que esta muy amada ciudad de Toledo sea otra cosa que nuestra Jerusalén española, la capital más importante de toda la Espa&n tilde;a hebraica. Nosotros la hicimos y nuestra será, aunque no lo sea, por los tiempos de los tiempos."

Y a estas dos voces se contraponía la del propio arzobispo de Toledo, incansable defensor de la cultura cristiana:

"Nos, Rodrigo Jiménez de Rada, ungimos nuestra ciudad como capital imperial cristiana y castellana, hecha por cristianos, reconquistada por ellos y consagrada a Nuestro Señor. Yo mismo puse en tiempos del muy santo Fernando III la pr imera piedra de la catedral."

Nuestro Señor el Rey Alfonso X:

"-Amigos e vasallos del Dios omnipotén, la paz sea con vosotros. Conozco vuestro discurso y celo disputándoos la primacía de la capital de mi reino. Pero yo os digo que Toledo ya no es musulmana, ni hebrea, ni tan sólo cristiana pura. Toledo es castellana y a fuer de castellana, española. Ha llegado el momento de ser lo que somos. La parte que unos y otros hayamos aportado a esta Toledo del s. XIII no tiene importancia. Lo que sí la tiene es que hayamos tr abajado por la ciudad de todos porque, amigos e vasallos, ha llegado ya el tiempo de la unidad. Yo reclamo una sola lengua, una sola cultura, un solo arte para mi reino.

-Vosotros, los musulmanes que hace siglo y medio perdisteis Toledo y permanecisteis en mi reino, os concedo exacta paridad de leyes con los cristianos.

-Para vosotros, los hebreos, ratifico la carta "Inter cristianos e iudeos", que os diera mi abuelo Alfonso VI, equiparándoos a cristianos. Y yo por mi parte, os concedo además derecho de culto, obras y restauración de vue stras sinagogas.

-Y a mí, señor, y a los míos, ¿qué nos concedes?

-Tú, Jiménez de Rada, me hablas de los tuyos, y yo lo soy de los tuyos. Si algo te concediera sería como concedérmelo a mí mismo y a uno mismo nada hay que concederse. En todo caso, exigirse, y esto es lo que debemos hacer los cristianos: exigirnos tolerancia hacia todos porque es llegado el tiempo de la comprensión, que es una forma de amor para llegar a la unidad."

Santa María la Blanca, el Tránsito. En realidad tales sinagogas vistas sin perspectiva de siglos recuerdan la estructura del razonamiento escolástico:

Tesis: las sinagogas fueron construidas por nuestros artistas mudéjares.

Antítesis: las sinagogas construidas por mudéjares se ciñeron a nuestros patrones y a nuestro espíritu judaico oriental.

Síntesis: las sinagogas construidas por mudéjares según cánones judaicos fueron dedicados con la Reconquista o después de ella al culto cristiano como eclosión ideológica de toda la Edad Media toledana.< /P>

El círculo se ha cerrado. No se excluye ninguna de las tres culturas ni prevalece pura ninguna de ellas. Juntas forman el simbólico trampolín espiritual para la obra de Alfonso X.

 

Alfonso X el Sabio: la Reconquista no consumada

Es evidente que el rey Sabio de seguir las directrices bélicas de su padre Fernando III hubiera podido terminar la obra de la Reconquista; sobre todo, si se tiene en cuenta que en Aragón reinaba el poderoso Jaime I, padre de su esposa do& ntilde;a Violante, dedicado a la expansión catalano-aragonesa por el Mediterráneo. Resulta fácil creer que si ambos reyes en comunidad de esfuerzo hubieran dirigido sus armas contra los musulmanes del sur, la Reconquista habría quedado concluida en el siglo XIII, principalmente a causa de las disensiones entre los moros del reino de Granada, que debilitaban su propio poderío. En realidad, Almanzor representa la última embestida musulmana y estallido final de su po tencia. Pero hacía ya dos siglos que Almanzor se consumía bajo una losa de Medinaceli. Y desde entonces el declive de la estrella musulmana en la península era un hecho que el rey Sabio hubiera podido consumar.

Sin embargo, Alfonso abandona la lucha que tenía ya ganada para despegar su mirada de la tierra y levantarla al cielo, donde aletea el espíritu de la cultura, de las artes, de la equidad, de la ley.

En tanto, los musulmanes granadinos empezarían a reorganizarse y a reclamar la ayuda de su hermanos africanos, los almohades, almorávides y benimerines, que sucesivamente fueron hostigando a los cristianos y dificultando cada vez má ;s la liberación peninsular.

La Reconquista no terminaría ya hasta los Reyes Católicos dos siglos después de Alfonso X. De ahí que a veces se culpe al rey Sabio de haber marginado el momento histórico preciso para la total aniquilación isl ámica de España.

Sin embargo, contemplando la obra global de Alfonso se adivinan trascendentales razones de orden espiritual y cultural que apoyan su trayectoria.

Dice el rey Alfonso:

"Hermanos, que en verdad tiempo era tiempo de hacer un alto en la lucha que estaba cansado el cuerpo. Era preciso servirse de lengua y conocimientos de los que a España llegaron en son de sangre y de fuego."

Dice el rey Alfonso:

"Hermanos, en el mal hay algo bueno: doctos libros de Oriente saben leer los hebreos. Los musulmanes entienden de las estrellas del cielo, de números cabalísiticos, filosofías y juegos."

Dice el rey Alfonso:

"Hermanos, debemos hacerles nuestros, fundar la segunda Escuela de Traducción en Toledo. Que el castellano nos diga lo que otras lenguas dijeron pues son llegados los días de edificar el imperio."

De haber terminado Alfonso X la Reconquista se habría perdido el instante adecuado de convertir a España en la fuerza espiritual más poderosa de la Edad Media.

"… de edificar el imperio."

Alfonso salía, pues, al encuentro del saber que es tanto como decir de la verdad, de la justicia, y en nombre de esta justicia reivindicará el rey cuantos derechos le asisten sobre reinos peninsulares y extranjeros.

"… de edificar el imperio."

Es que ha empezado el predominio del derecho sobre la fuerza, del espíritu sobre el cuerpo.

"… de edificar el imperio."

 

Los pleitos de Alfonso X el Sabio

De ahí el pleito de Navarra, el de Gascuña y el del Algarve, y, sobre todo, el fecho del imperio, o acción reivindicatoria sobre la corona de Alemania, alentada por Alfonso X.

"… de edificar el imperio."

Si en ello también intervinieron las armas fue para defender los derechos, no para avasallar sin razón.

Sancho II, rey de Portugal, cede el Algarve a Alfonso X. Pero los derechos de Alfonso no son reconocidos y tiene que hacerlos efectivos con las armas y su hija natural, doña Mayor, casa con Alfonso III de Portugal.

También en nombre de antiguos derechos reclama Alfonso a Teobaldo II de Navarra el vasallaje que le venía prestando. Teobaldo se niega e intenta una alianza con Jaime I de Aragón; no obstante, acabará reconociéndose v asallo de Castilla.

La posición reivindicatoria de Alfonso culmina con sus pretensiones sobre la corona de Alemania. Los derechos le llegaban por parte de su madre, doña Beatriz de Suabia, hija del emperador alemán. Alfonso, instigado por una embajada de Pisa, hace valer sus derechos ante Ricardo de Cornualles, y es coronado en Burgos emperador de Alemania. Sin embargo, los germanos no le reconocen. Luchas y gestiones duran casi veinte años, hasta que el papa Gregorio X disuade a Alfonso X de s u empeño.

En tanto, a través de los campos que antaño fueran de batalla, la voz de Alfonso parecía repetir una y otra vez: "es preciso hacer un alto en la guerra"

 

La nobleza en contra de Alfonso X

Pero la nobleza castellana no comprendía, no quería comprender, la posición del rey. A la nobleza castellana le interesaba la lucha:

"Caballero que batallas, si no hay batalla, ¿qué harás?, ¿dónde el botín de conquista que te daba el batallar, dónde mercedes y premios y riqueza encontrarás?"

Y los nobles se sublevan contra Alfonso X, alegando razones de estado o de bien público, como es los gravámenes que el monarca impusiera al pueblo para sufragar sus empresas.

"Caballero que batallas si no hay batallas, ¿qué harás?"

Para aplacar a la nobleza de blasón y castillo, el rey le colma de mercedes y rebaja también los tributos al pueblo. Pero nada de ellos satisface a los grandes señores, que prosiguen la sublevación llamando en su ayuda a los moros granadinos e incluso implicando en la lucha a los propios familiares del monarca.

Y es que la nobleza tampoco podía admitir de buen grado el naciente influjo de los municipios porque los municipios suponían un tercer poder que el monarca fomentaba para contrarrestar el de los nobles. Y los municipios organizan ej&eacut e;rcitos, que acuden a la ayuda del rey. Y se crea la caballería ciudadana, y los residentes en los burgos que acceden a mantener caballo de guerra son considerados caballeros, tal es el origen de la nobleza de segundo grado, que indudablemente res tará poderío a los grandes nobles y a sus rebeliones. Precisamente gracias a estos ejércitos de los burgos pudo Alfonso X hacer frente a la sublevación de los mudéjares. Pese a la posición alfonsina de no profundi zar seriamente en la reconquista, no se pudieron evitar numerosos choques y batallas contra los musulmanes. Posiblemente una de las más representativas de estas acciones bélicas fuera las sostenidas contra los mudéjares que se levanta n en Murcia y Andalucía.

"Atabales son oídos

por las tierras de Granada

que el rey moro de esta villa

está ya dando a batalla.

Al otro lado del mar

media luna se agiganta.

Benemerines de Fez

acuden a la llamada.

De Cartagena, Sevilla,

los moriscos se levantan

y se ternan sarracenas

trescientas villas cristianas.

Rey Alfonso, que estás solo,

a los labriegos llamaba,

nombrándoles caballeros

si a la guerra le acompañan.

Rey Alfonso ha cabalgado

al frente de estas mesnadas

que hoy es caballo de guerra

el que era ayer de labranza.

Los moros le ven llegar

y lo que ven les espanta:

el monarca no está solo,

que no está solo el monarca.

Donde pisan sus caballos

dejan una cruz marcada

que serán patria de nuevo

las tierras que fueron patria."

 

La división lingüística de la península

Éste era el reino de Castilla en tiempos del rey Sabio. Todo estaba preparado para el gran advenimiento cultural. La península había quedado repartida en cinco franjas idiomáticas. El vascuence apenas sí se proyect&oa cute; hacia el sur. Con el tiempo, el castellano absorbe al leonés y al aragonés, influyendo además en el gallego-portugués y en el catalán. La obra de Alfonso el Sabio va a empezar pero antes, el buen rey invoca a Santa María en sus Cantigas.

Pero será la lengua de Castilla, el naciente castellano, el idioma que empleará el rey Sabio para hablar al mundo medieval de la cultura y el espíritu, en tanto España camina hacia el imperio.

Revivimos el siglo XIII. En este momento de la Reconquista española el hombre no ha llegado a ser todavía la medida de todas las cosas pero sí ha empezado a sentirse fuerte y supera su vivir para la guerra y aprende a inclinarse co nfiado sobre los campos, reinventando con su gesto la línea horizontal del trabajo. Horizontales los rebaños, los trigales, los campesinos sobre el surco. La horizontal del trabajo cruza el meridiano español del siglo XIII. Y con el t rabajo, el descanso. Éste es el momento de iniciar la vertical. Si la horizontal es riqueza para el cuerpo, la horizontal es para el espíritu que apunta hacia lo alto. Ha llegado el gran instante español de las verticales. El cuerpo, cumplido ya, dispara el espíritu hacia los valores eternos.

Y la nueva línea forma, con la antigua, una figura de toda perfección: la cruz. Los templos se elevan con el nuevo arte gótico y el espíritu se abre irrumpiendo en él cada vez más decisivamente un río de luz al igual que en el corazón de esta catedral leonesa.

La preponderancia cristiana en España era un hecho que habría de repercutir necesariamente en el espíritu de sus gentes. Debido a la posición de Alfonso X, de hacer un alto en la lucha, la guerra había dejado de ser e l ideal de las gentes llanas y de los burgos para convertirse en accidente. Y cuando se recuerdan las gestas bélicas de antaño, se convierten en poema. Ahora es precisamente cuando se fraguan los versos más humanos que Per Abbat trans cribirá después en Mío Cid:

"Camino del destierro

va el Cid con sus mesnadas

rendido, contristado,

con llanto en la mirada.

Han llegado a un mesón,

la puerta está cerrada.

Llaman a grandes golpes,

es fácil derribarla.

Mas una niña acude,

nueve años no contara:

"El rey ha prohibido

que os diéramos posada.

Si entráis, Señor,

el rey nos quitará la casa,

los bienes y los campos,

los ojos de la cara.

Buen Cid, con nuestro mal

Buen Cid, no ganáis nada.

Y los fieros guerreros

desvían la mirada,

ocultando su llanto;

y el Cid abre la marcha.

Camino del destierro

de nuevo cabalgaban (4 veces)"

 

La educación en el siglo XIII

El hombre de los burgos ha empezado, pues, la necesidad de hacerse, de instruirse, ha cobrado conciencia de sí mismo. De ahí que la cultura conservada en las bibliotecas de los monasterios inicie su presencia ciudadana, como empadron&aacu te;ndose también en los municipios. En los claustros de las catedrales empieza a enseñarse lectura, escritura, aritmética, artes y teología. Tanto es así, que el Tercer Concilio de Letrán ordena creara en todas la s catedrales el cargo de maestro de escuela. Poco después, este cargo se hace extensivo a las principales iglesias de todas las parroquias. La numerosa concurrencia de asistentes en estas escuelas catedralicias hace surgir la necesidad de edificios e instalaciones adecuados. Tal es el origen de las universidades que a partir de este momento se irán proyectando en todo el reino.

1212: Alfonso VIII funda la primera universidad española, la de Palencia. 1215: Se constituye en universidad la escuela de Salamanca y Alfonso X el Sabio obtiene de Alejandro IV que los títulos de esta universidad tengan validez en toda E uropa, excepto en París y en Bolonia. Poco después, su validez es universal. Así lo decretó el papa Juan XXII. Y la universidad salmantina es citada en el Concilio de Viena como una de las cuatro más importantes de Europ a. No hay que olvidar tampoco el estudio general que se funda en Valladolid. Ni la escuela que manda construir Alfonso X en Murcia para que el filósofo islámico Mohamed Ricotí enseñe en ella a moros, judíos y cristianos según reza el decreto.

"Yo, Alfonso X, rey de Castilla por la gracia de Dios, dispongo en este libro de las Partidas que el cuadro mínimo de un estudio general debe comprender las artes generales y el derecho, con maestros especiales para cada ciencia. Porque yo, el rey, digo y proclamo que el saber iguala a los pueblos y acerca a las gentes."

 

La Escuela de Traductores de Toledo

Y otra vez es como si el rey Sabio convocara en torno a sí a sus viejos amigos, simbólicos amigos, encarnación y esencia de las tres culturas.

"- De nuevo os he llamado y reunido entre las murallas de nuestra imperial Toledo. A ti, hermano Al-Qabir, a ti, hermano Yehudá Ha-Leví, a ti, hermano Rodrigo Jiménez de Rada. Un gran trabajo nos espera y debemos realizarlo juntos: musulmanes, hebreos y cristianos. Andad y salid al mundo de vuestras tres culturas. Y traedme las obras más importantes del saber. Es necesario que el pueblo las conozca y las entienda porque la cultura ha dejado de ser privilegio de algunos para convertirse en derecho de todos. Y por eso, esto es preciso verter a la lengua que el pueblo usa para hablar a su vecino.

- Don Alfonso, si no los traducimos al latín los sabios extranjeros no podrán entenderlos.

- Mi buen Jiménez de Rada, será bueno que aprendan castellano."

Y con tales sencillas palabras, sin necesidad de leyes o decretos quedaba fundada la Segunda Escuela de Traductores de Toledo, continuadora de aquella ora que hiciera las traducciones en latín. Doctos en las ciencias de las tres culturas y relig iones se aplican febrilmente a la versión al castellano de las obras más preminentes del saber universal. Se trabaja de manera especial sobre libros de física, química, matemáticas y, sobre todo, de astronomía.

"El signo primero es el de Aries que quiere tanto como decir figura de carnero y es casa de Marte y exaltación del sol."

Deben recordarse el Libro de Alcora, el de las Figuras de las estrellas fijas, el Tratado de Armielles, el Lapidario. A veces, las obras no son simples traducciones sino que se compila y comenta en ellos material de fuentes distintas. Así, la Grand e General Estoria, Las crónicas y Las partidas. Están por otra parte los libros de los juegos y las ciencias recreativas que una vez más, según Alfonso, "acercan a las gentes ".

Es de subrayar también que data de esta época la introducción en la España cristiana del sistema decimal usado por los árabes, en sustitución del incómodo sistema carolingio.

"Yo, el rey, hago un libro, no porque lo escriba con mis manos sino porque compongo las razones de él y las enmiendo y las aderezo. Y muestro la manera de cómo se deben hacer."

Dominicos y franciscanos

En 1170 nace en Caleruega el que había de ser Santo Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos. La orden dominicana, nacida en España, al igual que la fundada en Italia por San Francisco de Asís, constituyó uno de los más grandes vehículos del saber de la época. Ambas fueron llamadas órdenes mendicantes por el voto de pobreza que las caracterizaba. Los franciscanos pretendían restaurar la moral; los dominicos, las creencias. Pe ro unos y otros usaban las mismas armas: predicación y enseñanza, siempre en contacto directo con la sociedad laica. De nuevo emergía el saber de los conventos y monasterios para verterse desde púlpitos y escuelas a la mente de l pueblo. Franciscanos y dominicos fundan asimismo la orden tercera para crear en el seno de la sociedad laica colaboradores impregnados de su propio espíritu. En realidad, la orden tercera fue una avanzadilla de las órdenes seglares que tan ta importancia están cobrando en nuestros días. El secreto motor de una y otras no es más que la entrega total a la fe de Cristo y la demostración palpable de compatibilidad de esta entrega con los quehaceres materiales cotidia nos.

Y los peregrinos por las viejas rutas de Santiago. Hombres de todos los climas, movidos por la fe. Y los aires de la España cristiana que se iban con ellos. Y Europa y Asia que respiraban estos aires y los reinos de Europa y Asia que volví ;an la mirada a España. Y las puertas de los Pirineos que se abrían una y otra vez.

La economía en los siglos XII y XIII

La economía castellana del siglo XII y aún del XIII, descansaba sobre bases ganaderas, agrícolas y en menor escala, industriales.

"Yo, el rey, por entender que la ganadería lanar es cabeza de nuestra economía decreto el libre paso de los ganados trashumantes por todas las tierras y pueblos del reino.

- Acatamos y agradecemos tus privilegios, señor.

- Otrosí dispongo la exacta delimitación de las cañadas y caminos de Mesta y la creación de un cuerpo de procuradores que por ellos mire y procure."

La ley estaba hecha y los reinos de Castilla se abrían al decretado paso de los rebaños.

"Otrosí concluyo que los gastos que origine la institución se subvencionen mediante el pago de portazgos y montazgos."

La feria de Medina del Campo alcanzó renombre universal. Sus reuniones periódicas de grandes ganaderos imprimían a esta ciudad un acusado carácter mercantil que Alfonso X refrendaría con diversas ordenanzas. La creaci ón de mercados y ferias surge de la necesidad de fijar un lugar y señalar una fecha para el cambio de productos. Sólo el rey tenía facultad para determinar tales lugares y fechas. Los fueros castellanos y leoneses contienen pen as especiales y más severas para los que perturbaran la paz en día de mercado. Y aun en el día anterior y posterior. Así como el Toledo de Alfonso X era la corte real, Sigüenza y Burgos, cortes episcopales, y Ávila y Cáceres, cortes nobiliarias, Medina del Campo puede considerarse como la gran corte mercantil de la Edad Media castellana. Porque la ciudad no se inventaba ni edificaba en el aire sino que respondía siempre a necesidades bien concretas que eran las propias de un país que se iba haciendo ya con clara voluntad de ser. La estrategia militar funda ciudades en las sucesivas fronteras con los árabes. La estrategia agrícola las funda entre grandes extensiones de tierras f&eac ute;rtiles. La estrategia mercantil las hacer brotar en los cruces de los caminos populosos. La estrategia espiritual las levanta a la sombra de los monasterios.

Justamente por ello todas las características de la Alta Edad Media castellana se sintetizan y concretan en la ciudad.

 

Los estamentos sociales

Puede ser domingo. Un domingo de tantos de los años del rey Sabio. Los fieles acuden a la catedral toledana. En lugar preferente, la nobleza de primer grado: ricoshombres, conde, marqués o duque. Nobleza derivada de los godos o conseguida por servicios palatinos o guerreros.

Nobleza de segundo grado. Los hidalgos y los caballeros obligados a mantener caballo de guerra y servicio al rey, grandes terratenientes exentos de tributos.

La burguesía. Desciende de los antiguos siervos a quienes los reyes dieran privilegio de libertad si se comprometían a repoblar los territorios conquistados.

Al pie de las columnas, los siervos de la gleba adscritos a la tierra, descendientes de prisioneros de guerra o voluntarios que ofrecían sus servicios y persona a un señor.

Y el clero, clase social respetada e influyente, ya fuera por su alcurnia o por su cultura, muy superior en general a la de los laicos. Estaban exentos de tributos y gozaban de inmunidad personal.

Han santificado el domingo; la casa les espera: humilde, palaciega o campesina abrirá sus puertas a estos hombres del siglo XIII.

Las letras durante la alta Edad Media

También el buen rey Alfonso ha oído misa en su palacio, tal vez el mismo palacio Galiana que fuera antes de los reyes árabes. Y la tarde del domingo se inaugura en él como en un remanso de quietud.

Estos serían los momentos en que el rey Sabio empuñaría la pluma no para dictar decretos ni sentencias, sino para decir sus Cantigas. Otros, en la paz de la tarde dominical asistirían a la representación del Auto d e los Reyes Magos o a la escenificación de la Disputa del Alma y del Cuerpo.

No estaban lejos tampoco las prosas cortesanas o mágicas del Marqués de Villena, el Estrellero. Ni las poesías del culto y alegre Santillana, el que no vio en la frontera "moza tan hermosa como la vaquera de la Finojosa", aquel que en un verde prado de rosas y flores "guardando ganado con otros pastores la vio tan fermosa que apenas creyera que fuera vaquera de la Finojosa".

Y tampoco habría de tardar Jorge Manrique, como replicando a Santillana:

"¿Qué fue de tanto galán

qué fue de tanta invinción

que trujeron?

¿Las justas e torneos,

paramentos bordaduras e cimeras?"

¿Fueron sino devaneos?

¿Qué fueron sino verduras

de las eras?

Contemplando

cómo se pasa la vida

cómo se viene la muerte

tan callando."

 

Conclusión: la muerte de Alfonso X

Los días del rey Alfonso tocaban a su fin, acudían las sombras de los viejos amigos y enemigos. Allí se congregaban ante las ruinas del buen rey, que se iba hundiendo y de entre todas las sombras, una se destacaba desde el otro lad o de la muerte:

"- Descansa, rey Alfonso, el camino está andado. La Historia continúa.

- Hermano Jiménez de Rada, no puedo hallar la paz en esta última andadura. El oficio de rey es duro oficio. Y ahora sé que fui débil en muchos menesteres.

- Rey Alfonso, ésta es vuestra obra.

- No es oficio de rey escribir libros sino hacer la guerra cuando es preciso hacerla.

- Rey Alfonso, vos hicisteis más: señalasteis el camino de la igualdad y la unidad.

-Y día ha de venir en que el oficio de rey no sea hacer la guerra sino hacer la paz."